La tardecita de los dioses

Por Fernando Bonsembiante


El poderoso guerrero se inclinó ante el altar de Azatoth. Miró las llamas rojas, crepitantes, que estaban consumiendo su ofrenda. Había estado toda la tarde persiguiendo a ese cabrito salvaje a través de los verdes prados. El animal era mucho más rápido que él, en la llanura cubierta de esos pastizales verdes y largos. El guerrero avanzaba duramente atravesando la maleza y el cabrito saltaba como burlándose. Sólo al caer la oscuridad que traía a las brillantes estrellas, el cabrito se cansó y el guerrero pudo obtener su preciado trofeo. Ahora se quemaba con un olor penetrante en la cálida hoguera que había encendido trabajosamente, frotando dos piedras como le había enseñado el sacerdote en su lejano pueblo. A la distancia veía otra hoguera, y por el olor que le traía el viento, el sacrificio era de aves silvestres, un olor característico a plumas quemadas llegaba intermitentemente con el suave sopolo del viento. Era un sacrificio dedicado a Belzebu, estaba seguro. Su enemigo estaba cerca y los dos estaban encomendándose a sus dioses para la batalla de mañana. Sabía que había sólo dos opciones, la muerte o la victoria, y su dios estaría satisfecho sólo con una de ellas. Era un dios cruel pero justo. A la mañana siguiente, con el primer toque de los cálidos rayos del sol sobre la piel, se vistió con una armadura de cuero y cobre, se ungió la piel con un aceite oloroso y espeso, y enfrentó el destino. Su enemigo lo estaba esperando, con la armadura brillando bajo el sol del amanecer y una espada desenvainada, que le pareció increiblemente larga y brillante. En sus ojos vio su propia muerte y tembló. Avanzó como si no tuviese temor, sacó la espada, y lucharon. Su enemigo no tardo en darle un golpe que le dejo inutil el brazo con el que sostenia la espada. Luego lo empujó de una patada, y ya en el piso, le corto la cabeza, diciendo ' Gloria a Belzebu, el dios más poderoso'.

En otro plano de la realidad, mientras tanto, Azatoth tomaba un cafe con Belcebu. 'Otra vez me ganaste', dijo. 'Espero que seas misericordioso conmigo y no me obligues a invitarte a cenar otra vez a un lugar tan caro' 'No te preocupes' dijo Belzebu, 'invitame al cine y listo, hoy es miércoles y hay descuento. Como verás, mi misericordia es tan infinita como mi sabiduria.'





 

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