UNA PRESENTACIÓN DE LA CIENCIA FICCIÓN por L. Ronald Hubbard







El jefe fue al grano en seguida. Acababan de iniciar o adquirir una
revista llamada Astounding Science Fiction. Otras editoriales publicaban
otras revistas, pero Street & Smith se sentía mal porque su revista
publicaba sobre todo historias que hablaban de máquinas y maquinaria. Como
editores, sabían que en los cuentos debía haber gente. Nos habían llamado
porque, aparte del rating de A. B. Dick, podíamos escribir sobre gente
real. Sabían que estábamos ocupados y teníamos otros compromisos, ¿pero
seríamos tan amables como para escribir ciencia-ficción? Dijimos que lo
haríamos.

Llamaron a John W. Campbell, hijo, el editor de la revista. Este se
encontró enfrentado a dos escritores de historias de aventuras, y aunque
tal vez estos escritores sean los aristócratas de este campo y puedan tener
muchos seguidores, no son escritores de ciencia-ficción. Se resistió. En
primer lugar, afirmó que escritores de primera fila arruinarían su
presupuesto; en segundo lugar, que él tenía sus propias ideas sobre lo que
era la ciencia-ficción.

Campbell, que hasta su muerte en 1971 dominó el campo de la ciencia-
ficción como un zar, era un hombre enorme que había destacado en física en
el Massachusetts Institute of Technology y se había graduado en la
Universidad Duke con una licenciatura de Bachiller en Ciencias. Su idea de
conseguir una buena historia era lograr que un profesor o un científico la
escribiera y después revisarla y publicarla. Tal vez lo que digo sea poco
amable, pero es lo que hacía. Para llenar páginas, él, que era un escritor
considerable, escribía cuentos para la revista.

El jefe tuvo que ordenarle comprar y publicar lo que escribiéramos
nosotros. Estaba dispuesto a tener gente en sus cuentos y hacer que
funcionaran otras cosas que no fuesen máquinas.

No sé a cuántos otros escritores llamaron. No lo sé. Tal vez haya
sido el propio Campbell el que los encontró después. Pero no crean que
Campbell no fuese un maestro y un genio por derecho propio. Cualquier
miembro del grupo de escritores que coleccionó durante la Edad de Oro puede
decirlo. Campbell sabía escuchar. Podía mejorar las cosas. Imaginaba
pequeños argumentos que eran obras maestras. Merecía el título que supo
ganarse y llegar a ser el principal editor y la fuerza dominante que hizo
de la ciencia-ficción algo tan respetable. Star Wars (La Guerra de las
Galaxias), película sólo superada por sus continuaciones, nunca hubiera
podido hacerse si la ciencia-ficción no se hubiera vuelto tan respetable
como Campbell consiguió que fuera. Y lo que es más, Campbell jugó un papel
importante en la conducción de esta sociedad a la era espacial.

Había que trabajar con él para saber adónde quería ir, cuál era su
idea de esta cosa llamada "ciencia-ficción". No puedo citar frases suyas;
sólo puedo explicar lo que yo percibía que él trataba de hacer. Con el
tiempo nos hicimos amigos. Durante los almuerzos, en su oficina y en su
hogar los fines de semana (donde su esposa Doña hacía que todo funcionase
perfectamente), hablábamos siempre de cuentos, pero también de ciencia.
Decir que Campbell consideraba a la ciencia-ficción como una "profecía" es
una simplificación. Tenía ideas muy precisas sobre ella.

Sólo alrededor de un diez por ciento de mis historias fueron escritas
para los géneros de ciencia-ficción y fantasía. Yo era lo que llamaban un
escritor superproductivo y estos campos no eran lo bastante grandes como
para absorber todo lo que podía escribir. Mi reputación en otros campos de
la escritura me la gané durante los ocho años anteriores a aquella
entrevista en Street & Smith.

Sin abundar mucho en ello, Campbell consideraba que la mayor parte de
las historias que yo le daba no era de ciencia-ficción, sino de fantasía,
una cosa totalmente distinta. Publicó rápidamente algunas como ciencia-
ficción: entre ellas Final Blackout (Apagón Final). En realidad, muchas
más. Yo tenía ciertos conocimientos científicos, había hecho un trabajo
pionero en cohetes y gases líquidos, pero en ese momento estaba estudiando
el conocimiento pasado del hombre para saber si había encontrado algo
válido. Esto y el amor por los antiguos cuentos de The Arabian Nights (Las
mil y una noches) me llevaron a escribir fantasía. Para colocar este
material, Campbell inició otra revista: Unknown. Continuó saliendo mientras
yo seguí escribiendo novelas para ellos. Pero vino la guerra y tanto yo
como los otros nos fuimos y creo que Unknown duró unos cuarenta meses.
Estas novelas eran algo difíciles de vender y no era allí donde residía la
fortaleza de Campbell.

De modo que alguien que trate de decir que la ciencia-ficción es una
rama de la fantasía o una extensión de la misma tropieza por desgracia con
un uso profesional de términos sancionado por el tiempo. Esta es una época
de mezcla de géneros. Escucho diferentes formas de música mezcladas como en
una sopa. Veo estilos de danza tan distintos mezclados para formar una sola
"danza", que me pregunto si los coreógrafos conocen realmente los
diferentes tipos de baile. Hoy prospera el concepto de que sólo el
conflicto produce cosas nuevas. Tal vez esto lo puso de moda el filósofo
Hegel, pero él dijo también que la guerra era necesaria para la salud
mental de la gente y otro montón de tonterías. Si todas las ideas nuevas
tienen que surgir del conflicto entre las antiguas, es preciso negar que
puedan tenerse ideas absolutamente nuevas.

Entonces, ¿qué sería la ciencia-ficción pura?

Se ha presupuesto que la ciencia-ficción debe ser producto de una época en
la que existía la ciencia. A riesgo de provocar disputas y tumultos -riesgo
que he corrido toda mi vida y cosas que he recibido sin molestarme por
ellas-, haciendo de todos modos mi trabajo, deseo señalar algunas cosas:

La ciencia-ficción no es posterior al descubrimiento científico. Es
el heraldo de la posibilidad. Es la petición de que alguien trabaje en ello
en el futuro. Y sin embargo no es una profecía. Es el sueño que precede a
la aurora, en la que el inventor o el científico despierta y va hacia sus
libros o su laboratorio diciendo: "Me pregunto si podría hacer realidad ese
sueño en el mundo de la verdadera ciencia".

Se puede releer a Luciano, siglo II de la era cristiana, o a Johanes
Kepler (1571-1630), quien fundó la astronomía dinámica moderna y escribió
también Somnium, un vuelo espacial imaginario a la Luna, o a Mary Shelley y
su Frankenstein, o a Poe, Verne o Wells, y preguntarse si esto era
realmente ciencia-ficción. Tomemos un ejemplo: un hombre inventa un batidor
de huevos. Después, un escritor escribe un cuento sobre un batidor de
huevos. En consecuencia, no ha escrito ciencia-ficción. Continuemos con el
ejemplo: un hombre escribe un cuento sobre un metal que, retorcido, es
capaz de batir un huevo, pero en realidad nunca ha existido un utensilio
semejante. Ahora sí ha escrito ciencia-ficción. Algún otro, una semana o
cien años después, lee la historia y dice: "Vaya, vaya, tal vez podría
hacerse". Y hace un batidor de huevos. Pero aunque se demuestre que era
posible o imposible hacer un batidor de huevos por ese sistema, o lo haya
intentado alguien o no, el hombre ha escrito ciencia-ficción.

¿Cómo se considera la palabra "ficción"? Es una especie de homógrafo.
En este caso significa dos cosas distintas. Un profesor de literatura sabe
que quiere decir "un trabajo literario cuyo contenido es producto de la
imaginación y no se basa necesariamente en los hechos; la categoría
literaria que comprende trabajos de esta índole, e incluye novelas, cuentos
y obras de teatro". Deriva del latín fictio, una realización, de fictus,
participio pasado de fingere: tocar, formar, moldear.

Pero cuando agregamos esta palabra a la palabra "ciencia", obteniendo así
"ciencia-ficción", la palabra "ficción" adquiere dos significados en uno:
1) que la ciencia utilizada en la historia es en parte ficticia y 2) que
cualquier historia es ficción. El American Heritage Dictionary of the
English Language define la ciencia-ficción como "una ficción en la cual las
elaboraciones y descubrimientos científicos forman un elemento de argumento
o fondo; especialmente un trabajo de ficción basado en la predicción de las
futuras posibilidades científicas".

Y así, según la definición del diccionario y gracias a muchas
discusiones con Campbell y colegas de aquella época, puede decirse que la
ciencia-ficción se ocupa del universo material y las ciencias. Estas pueden
incluir la economía, la sociología, la medicina y otras, todas las cuales
tienen una base material.

Y entonces, ¿qué es fantasía?

¡Créanme, si fuera sencillamente la aplicación de una imaginación
desbordante, entonces un montón de economistas y gente del Gobierno serían
autores importantes! Aplicar la palabra "imaginativo" a la fantasía, sería
como designar una biblioteca con la expresión "algunas palabras". Demasiado
simplista, un término demasiado general.

En estos tiempos modernos, muchos de los ingredientes que hacen de la
"fantasía" un tipo de ficción han desaparecido de la escena. Apenas se los
encuentra ya en las enciclopedias. Estos ingredientes eran espiritualismo,
mitología, magia, adivinación, lo sobrenatural y muchas otras cosas de esa
clase. Ninguna de ellas tenía nada que ver con el universo real. Esto no
significa necesariamente que jamás tuvieran validez o que no volverán a
tenerla; significa simplemente que por el momento el hombre ha caído en una
borrachera materialista.

El grueso de estas materias consiste en datos falsos, pero
probablemente jamás llegue el momento en el que puedan explicarse todos
estos fenómenos. La razón principal por la cual este vasto cuerpo de
conocimiento se ha perdido de vista es que la ciencia material ha estado
consiguiendo una cantidad de éxitos. Pero observo que cada vez que la
ciencia moderna piensa que ha llegado al fundamento de todo, encuentra (y a
veces adopta) algo como el mito egipcio de que el hombre proviene del lodo
o algo así. Lo único que intento decir aquí es que hay un grupo de
fenómenos que no podemos clasificar como "materiales". Son los temas no
materiales, no universales. No importa lo falsas que pudieran ser las
viejas ideas, no por eso dejaban de existir; quién sabe si no tienen una
validez aunque sea parcial. Habría que estudiar estas materias para tener
un panorama completo de todo el conocimiento y las creencias posibles. No
estoy abriendo la puerta a que alguien diga que creo en todas estas cosas;
sólo digo que hay otro dominio aparte del dedicado -y hasta limitado- al
materialismo.

La "fantasía", en lo que se refiere a la literatura, se define en el
diccionario como "ficción literaria o dramática que se caracteriza por
elementos muy imaginativos o sobrenaturales". Incluso eso es algo limitado
como definición.

De modo que podría llamarse ficción a cualquier cosa que utilice elementos
como el espiritualismo, la mitología, la magia, la adivinación, etcétera.
The Arabian Nights era una reunión de los cuentos de muchos países y
civilizaciones, no sólo árabes, como podría creerse. Su título real era Las
mil y una noches. Abunda en ejemplos de ficción fantástica.

Cuando se mezcla ciencia-ficción con fantasía, no se obtiene un
género puro. Para un profesional, son dos géneros separados. Observo que
hoy hay una tendencia a mezclarlos y justificar después el resultado
llamándolo "ficción imaginativa". En realidad, no se mezclan bien: la
ciencia-ficción, para ser creíble, tiene que basarse en cierto grado de
plausibilidad; la fantasía no pone ningún límite. La escritura de la
ciencia-ficción exige cuidado por parte del autor; escribir fantasía es tan
sencillo como caminar por el parque. (En la fantasía, el personaje no tiene
ninguna espada en la mano; se escucha un bang y de pronto tiene en la mano
una espada mágica.) Esto no quiere decir que una sea mejor que la otra.
Sencillamente son géneros muy distintos desde el punto de vista
profesional.

Pero hay más: la ciencia-ficción, en especial en su Edad de Oro,
tenía una misión. Por supuesto, no puedo hablar en nombre de mis amigos de
ese período. Pero con Campbell, y gracias a conversaciones de "tanteo" con
otros escritores de la época, recibí la sólida impresión de que estaban
haciendo un duro trabajo para que el hombre llegara a las estrellas.

Al comienzo de aquella época, la ciencia-ficción era considerada una
especie de lamentable bastardo del mundo de la literatura. Y lo que es
peor, no lograba atraer la atención de las becas privadas o del gobierno
que debería haber recibido. Tiene que haber mucho interés público y demanda
antes de que los políticos dispongan de la financiación necesaria para que
algo funcione.

El equipo de escritores de Campbell era estelar. Incluía muchos
nombres de primera línea. Mejoraron la calidad literaria del género, e
iniciaron el auge de su mayor popularidad.

Más o menos un año después del comienzo de la Edad de Oro, recuerdo
que fui al departamento de ciencias de una universidad importante. Deseaba
obtener, para mis investigaciones serias, unos datos sobre citología. Me
dispensaron una cortés recepción y me estaban proporcionando las
referencias cuando noté que la habitación se llenaba de gente. Y no de
estudiantes, sino de profesores y decanos. Por las oficinas había corrido
la voz de quién estaba en el departamento de biología y en seguida me
encontré estrechando montones de manos pertenecientes a rostros sonrientes.
Y lo que querían saber era qué pensaba yo de esta u otra historia, si había
visto últimamente a este o aquel escritor y cómo estaba Campbell.

¡Ellos tenían una literatura! ¡La ciencia-ficción!

¡Y estaban orgullosos de ello!

Durante un tiempo, antes y después de la Segunda Guerra Mundial,
estuve en comunicación permanente con la nueva camada de científicos, los
chicos que construyeron la bomba y estaban empezando a tener ideas sobre
los cohetes. Todos eran entusiastas de la ciencia-ficción. Y muchos de los
más importantes científicos escribían también ciencia-ficción como
actividad complementaria.

En 1945 asistí a una reunión de antiguos amigos científicos y
escritores de ciencia-ficción. La reunión se realizó en la casa de mi
querido amigo el incomparable Bob Heinlein. ¿Y saben lo que había en su
agenda? Cómo poner al hombre en el espacio lo bastante rápido como para
distraerlo de emprender nuevas guerras en la Tierra. ¡Y estos eran los
chicos que se encontraban en situación de hacerlo! Estamos llegando a ello.
Los científicos consiguieron poner al hombre en el espacio e incluso
consiguieron la colaboración de los rusos durante un tiempo.

No es posible vivir una vida ingenua, creyendo que todo sucede por
accidente, que los acontecimientos siguen a los acontecimientos, que hay un
orden natural de las cosas y que de alguna manera todo se arreglará. Eso no
es ciencia. Eso es sino, destino, y allí estamos de regreso al mundo de la
fantasía. No, hay que planear las cosas. La Edad de Oro de la ciencia-
ficción, que comenzó con Campbell y la revista Astounding Science Fiction,
despertó suficiente interés público como para ayudar a empujar al hombre al
espacio. Hoy se oye hablar a grandes científicos como hablábamos nosotros
en las sesiones de charlas de hace mucho tiempo.

Campbell hizo lo que quería hacer. En la medida en que tuvo consigo a
su primera esposa y a otros a su alrededor, para recordarle que la ciencia
era para el pueblo, de que no tenía sentido enviar máquinas por las
máquinas en sí mismas, que no tenía sentido ir al espacio a menos que la
misión tuviera algo que ver con la gente, fue un ganador. Pero era un
hombre muy brillante y un editor importante y paciente. Después de que su
primera esposa, Doña, se divorció de él en 1949, y cuando se quedó sin un
consejo editorial sensato que lo obligaba a poner gente en las historias, y
cuando ya no tuvo su equipo de escritores original, dejó que su revista se
empequeñeciera, y cuando finalmente se transformó en la revista Analog, su
reino había terminado. Pero la Edad de Oro había conseguido ponerlo todo en
movimiento, de modo que ganó de todas maneras.

Cuando empecé a escribir esta novela, quería escribir ciencia-ficción
pura. Y no en la vieja tradición. Las formas y estilos de escritura han
cambiado, de modo que tuve que modernizarme y modernizar los estilos y
modelos. Para demostrar que la ciencia-ficción no lo es sólo por un tipo
especial de argumento, esta novela contiene prácticamente todo tipo de
historias: de detectives, de espías, de aventuras, de western, de amor, de
guerra espacial, lo que quieran. Todo excepto fantasía. De eso no hay nada.
El término "ciencia" también incluye la economía, la sociología y la
medicina en los casos en que están relacionadas con cosas materiales. De
modo que también están aquí.

Cuando se escribe para las revistas, los editores lo obligan a uno a
escribir una cantidad determinada de páginas (a causa del formato de la
revista). Siempre pude hacerlo... es una especie de don. Pero esta vez
decidí no cortarla y dejarla rodar como quisiera, en la medida en que se
mantuviera el ritmo. De modo que es posible que haya terminado de escribir
la mayor novela de ciencia-ficción, en el sentido de la longitud. Los
expertos -y hay montones de ellos- pueden verificar si es así.

A algunos lectores les sorprenderá que no haya incluido en este libro mis
temas serios. No tenía intención de desecharlos, sino sólo que me puse el
sombrero de escritor profesional. Tampoco deseaba dar la impresión de estar
haciendo un trabajo de prensa para mis trabajos más serios.

Habrá algunos que miren este libro y digan: "¿Ves? ¡Te dijimos que
era sólo un escritor de ciencia-ficción!" Bueno, como perteneciente al
grupo de escritores que ayudó a llevar al hombre a las estrellas, estoy muy
orgulloso de ser conocido también como un escritor de ciencia-ficción. Allá
afuera hay satélites, el hombre ha caminado sobre la Luna, hay sondas
dirigidas a otros planetas, ¿no es así? Alguien tenía que soñar el sueño, y
muchos otros, como aquellos grandes escritores de la Edad de Oro, tuvieron
que conseguir el interés de montones de personas para hacerlo realidad.

Espero que disfruten esta novela. Es la única que he escrito sólo para
entretenerme. También celebra mis bodas de oro con la musa. Cincuenta años
como profesional: 1930-1980.

Y, como viejo profesional que soy, les aseguro que esta es pura
ciencia-ficción, no fantasía. Exactamente en los caminos del género. La
ciencia es para la gente. Y la ciencia-ficción también.

¿Listos?

Preparados.

¡Despeguen!




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