Cuentos de los hermanos Grimm
LA LLAVE DORADA
Zagal, que era muy pobre, tuvo que salir, tras la gran nevada
invernal, en su trineo, a por leña. Y cuando ya la había reunido y la había
cargado, como tenía tantísimo frío, en lugar de irse a su casa quiso antes
encender un fuego y calentarse un poco. Cavó en la nieve y cuando estaba
limpiando el suelo encontró una llave dorada. Entonces pensó que donde
estaba la llave tenía que estar también la cerradura correspondiente, y
siguió cavando y encontró una cajita de hierro. "¡Ay, ojalá sirva la
llave!", pensó, pues seguro que había cosas maravillosas y muy valiosas
dentro. Buscó, pero allí no había ojo de la cerradura. Al fin, sin embargo,
encontró uno pequeñísimo y probó, y la llave entró perfectamente. Así que
le dio una vuelta y ahora tenemos que esperar a que abra del todo y
entonces veremos lo que hay dentro.
LAS GACHAS
Érase una vez una pobre y buena niña que vivía sola con su madre, y
ya no tenían nada de comer. La niña entonces salió al bosque y se encontró
con una anciana que ya sabía cuál era su pena y le regaló un pucherito al
que si le decía "¡Pucherito, cuece!" hacía unas buenas gachas de mijo, y si
le decía "¡Pucherito, para!" dejaba de nuevo de cocer. La niña le llevó a
su madre el puchero a casa, y a partir de entonces se vieron libres de su
pobreza y de su hambre y comían gachas cada vez que querían.
Una vez que la niña había salido dijo la madre:
- ¡Pucherito, cuece!
Y coció y comió hasta hartarse. Entonces quiso que el pucherito
dejara de cocer, pero no se acordaba de la palabra. Así que siguió
cociendo, y las gachas se derramaron por el borde y siguió cociendo y se
llenó la cocina y la casa entera, y la segunda casa, y luego la calle, como
si quisiera saciar al mundo entero, y se vio apuradísima, y nadie sabía qué
hacer. Finalmente, cuando ya sólo quedaba una casa llegó la niña.
- ¡Pucherito, para! -dijo simplemente, y entonces dejó de cocer.
Y cuando quisieron volver a la ciudad tuvieron que abrirse camino
comiendo gachas.
TRINE, LA DE HANS
Hans tenía una mujer que se llamaba Trine y era perezosa y no quería
hacer nada. Se decía así misma: "¿Qué hago? ¿Como, duermo o trabajo...?
¡Bah, voy a comer primero!" Cuando ya había comido bien hasta hartarse se
decía: "¿Qué hago? ¿Trabajo o duermo...? ¡Bah, primero dormiré un poco!"
Entonces se acostaba y dormía, y cuando despertaba era de noche y ya no
podía salir a trabajar.
Una vez Hans llegó por la tarde a casa y se encontró de nuevo a Trine
acostada en su alcoba durmiendo. Entonces sacó su cuchillo y le cortó la
falda hasta la altura de las rodillas. Trine se despertó y pensó: "Ahora te
vas a trabajar." Pero cuando sale y ve que lleva tan corta la falda se
asusta, se vuelve loca y duda de si es realmente Trine, y se dice a sí
misma: "¿Lo soy o no lo soy?" Pero no sabe qué responder, se queda dudando
un rato y finalmente piensa: "Te irás a casa y preguntarás si lo eres, que
ya lo sabrán allí." Así que regresa de nuevo, llama a la ventana y grita:
- ¿Está ahí dentro Trine, la de Hans?
Los otros contestan lo que ellos creen:
- Sí, está en la alcoba durmiendo.
- Pues entonces no lo soy -dice satisfecha Trine y se va al pueblo y
no vuelve.
Y Hans se libró de Trine.
LAS AVENTURAS DE CHANTICLEER Y PARTLET*[pic]
I
De como un día Chanticleer y Partlet fueron a visitar al señor Korbes, el
zorro.
Cierto día, Chanticleer y Partlet quisieron dar una paseo juntos; para
ello, Chanticleer construyó un muy lindo carro, con cuatro ruedas rojas y
al cual le ató (enganchó, ayuntó) seis ratones. Luego, ambos subieron al
carruaje y partieron. Enseguida, una gata se encontró con ellos y les dijo:
"¿Adónde van?" Y Chanticleer respondió:
"Korbes, el zorro, gatita,
tendrá hoy nuestra visita"
Entonces, la gata pidió, "llévenme con ustedes". Chanticleer le respondió,
"De corazón: sube atrás, pero cuidado con caerte"
"¡Cuida mi elegante carruaje, gata,
no me ensucies mis ruedas escarlata!
Ahora, ratones, listos,
y, ruedas: ¡corran, les digo!
Que a lo del zorro vamos de visita:
hoy, señor Korbes, es nuestra cita"
Casi de inmediato aparecieron un mortero, un huevo, un pato y un alfiler:
Chanticleer les dejó subir al carro para viajar juntos. Cuando llegaron a
lo del señor Korbes, éste no estaba en su casa; entonces, los ratones
guardaron el coche en el garaje.
Mientras tanto, Chanticleer y Partlet se ubicaron sobre una viga, la gata
se sentó junto a la chimenea, el pato se metió en el lavabo, el alfiler se
hincó en la almohada, el mortero se apoyó sobre la puerta, y el huevo rodó
hacia la toalla.
Cuando el señor Korbes llegó a su casa, y se dirigió a la chimenea para
encender el fuego, la gata le arrojó cenizas en sus ojos: el señor Korbes
corrió a la cocina para lavarse, pero el pato le salpicó la cara con agua,
y cuando el señor Korbes intentó secarse con la toalla, el huevo se rompió
sobre sus ojos. El señor Korbes se enojó tanto, que se fue a la cama sin
cenar; pero cuándo apoyó su cabeza sobre la almohada, el alfiler se le
clavó en la mejilla: enfurecido, pegó un brinco, y hubiese escapado de su
casa, pero cuando llegó a la puerta, el mortero cayó sobre su cabeza y lo
mató en ese mismo lugar.
II
De cómo Partlet murió y fue enterrada, y de cómo Chanticleer murió de pena.
Otro día Chanticleer y Partlet acordaron ir a las montañas para comer
nueces, y pactaron que todas las nueces que encontrasen serían compartidas
en forma equitativa entre ambos. Muy bien, Partlet encontró una nuez muy
grande, pero no le dijo nada de ésto a Chanticleer y lo mantuvo en secreto:
sin embargo, la nuez era tan grande que no la pudo tragar y se le quedó
atragantada en su garganta. Partlet se asustó muchísimo y llamó a
Chanticleer, "te ruego que corras tan rápido como puedas y me traigas agua,
o me asfixiaré". Chanticleer corrió hacia el río tan rápido como pudo:
"Río, la pobre Partlet yace en la montaña atragantada por una gran nuez, y
morirá si no me das un poco de agua".
"Corre primero a lo de la novia, y pídele un cable de seda para poder
extraer un poco de agua", dijo el río. Chanticleer corrió a lo de la novia,
"novia, debes darme un cable de seda para que el río pueda darme un poco
de agua para llevarle a Partlet, quien yace en la montaña y morirá
atragantada por una gran nuez".
"Corre primero al jardín, y tráeme mi tocado de flores que cuelga de una
rama de un sauce", le dijo la novia. Chanticleer, entonces, corrió al
jardín, tomó el tocado de flores de la rama sobre la cuál pendía, y se la
llevó a la novia, y la novia le entregó la cuerda de seda, y Chanticleer
cogió la cuerda de seda y se la llevó al río, y el río le dio un poco de
agua, y Chanticleer se la llevó a Partlet. Pero Partlet nunca más volvió a
moverse: durante ese lapso había muerto, atragantada por la gran nuez.
Chanticleer lloró con fuerza y desconsuelo, y todas los animales vinieron y
lloraron con Chanticleer junto al cuerpo de la pobre Partlet.
Y seis ratoncitos construyeron un pequeño transporte para cargarla hasta su
tumba, y cuando éste estuvo listo, ellos mismos se engancharon delante de
él y Chanticleer los condujo.
En el camino se encontraron con el zorro:
"¿Dónde vas, Chanticleer?"
"A enterrar a mi Partlet".
"¿Puedo ir contigo?"
"Sí, pero tu deberás ubicarte detrás, de lo contrario, mis caballos no se
atreverán a llevarte.
El zorro subió detrás, y luego el lobo, el oso, el pato, y todas las
bestias del bosque, llegaron y saltaron arriba del vehículo. Así viajaron,
hasta que se encontraron con un torrente.
"¿Cómo pasaremos?", preguntó Chanticleer.
Dijo un junco:
"Yo me acostaré transversal al arroyo, y ustedes pasarán sobre mí."
Los ratones ya pasaban, cuando el junco se deslizó al agua, y los seis
ratones se hundieron y se ahogaron. ¿Y ahora, qué harían? Un gran pedazo de
madera se acercó y dijo:
"Yo soy lo suficientemente grande como para acostarme a lo ancho del
torrente y que ustedes pasen por encima mío."
Así lo hizo, pero ellos se condujeron con torpeza tal, que el pedazo de
madera cayó y fue arrastrado por las aguas. Una roca, quién vio lo
sucedido, apareció y amablemente ofreció su ayuda al pobre Chanticleer.
Ahora fue ella la que se atravesó sobre el torrente, y esta vez Chanticleer
llegó a salvo a la otra orilla con el carruaje. Pero, cuando trató de sacar
a Partlet fuera del vehículo, el zorro y el resto del cortejo, quienes
estaban sentados todos atrás, y pesaban mucho, cayeron al agua, y el agua
se los llevó a todos, y todos se ahogaron.
De este modo, Chanticleer quedó solo con su muerta, Partlet. Le cavó una
fosa, la puso allí, y erigió un pequeño túmulo sobre ella. Después, se
sentó a un lado de la tumba, y lloró, y se enlutó, hasta que al final él
también murió: y así es como todos murieron.
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* "How Chanticleer and Partlet went to visit Mr Korbes"; "How Partlet
dies and was buried, and how Chanticleer died of grief"; dentro del ciclo
"The adventures of Chanticleer and Partlet"; versión al castellano de David
Wapner y Ana Camusso, según el texto de la primera edición inglesa
"Grimm's Fairy Tales", en tres volúmenes (1823-1836), traducido del
original alemán por Edgar Taylor.