CIENCIA FICCIÓN -- Jaime Rest
Conceptos de literatura moderna, Buenos Aires, CEAL, 1991.
Si admitimos, como lo hacen algunos especialistas en la materia, que la
ciencia ficción se inicia con el Frankestein de Mary Shelley, cabe entonces
juzgar que esta especie narrativa está íntimamente vinculada al cuento
fantástico moderno y a la novela detectivesca. Surge, como ellos, en la
primera mitad del siglo XIX, en virtud de la división que sufre la "novela
gótica" y es, a semejanza de ellos, un intento de superar dialécticamente
por medio de la imaginación uno de los principales conflictos ideológicos
que se originan en dicho período: el enfrentamiento entre el racionalismo
secularista heredado de la Ilustración filosófica y el irracionalismo
sobrenaturalista -de estirpe medieval- que reaparece como consecuencia de
la óptica romántica. Cada una de las formas narrativas mencionadas pretende
resolver este problema mediante una solución particular, que en todos los
casos se basa en la conveniente articulación entre lo misterioso y lo
racional. El cuento fantástico propone una salida ambigua que consiste en
dejar que el misterio quede circundado de vaguedad, como para que nunca
pueda decidirse si el hecho insólito es un efectivo síntoma del orden
sobrenatural o meramente un indicio de locura u onirismo. El relato
detectivesco propone un misterio insuperable para todos, salvo para la
inteligencia privilegiada de un investigador capaz de resolver todo con
absoluta racionalidad. Por su parte, la ciencia ficción suele referir
acontecimientos insólitos pero trata de otorgarles verosimilitud con el
concurso de los hallazgos sorprendentes que se han producido en el campo
científico durante los últimos tiempos. Sea como fuere, más que en los
datos científicos específicos, este tipo de narración tiene su base de
sustentación en la atmósfera que ha creado el avance tecnológico, con sus
viajes espaciales, experimentos de computación, trasplantes de órganos
humanos, procedimientos para el dominio psicológico de individuos o
comunidades y para el "lavado de cerebros", a lo cual se suman variadas
hipótesis sobre la naturaleza maleable del espacio y del tiempo o sobre
distintos fenómenos astronómicos, meteorológicos y ecológicos. De manera
general, el cuento fantástico alcanzó su apogeo entre 1880 y 1914, en tanto
que el relato detectivesco conoció su plenitud en el período intermedio
entre las dos guerras mundiales; en cambio, la ciencia ficción, si bien ya
había sido anticipada por H. G. Wells desde la década de 1890, sólo ha ido
adquiriendo proporciones significativas en los últimos años, como resultado
de las revolucionarias aplicaciones que popularizaron los descubrimientos
de la física atómica. Hasta cierto punto, algunos comentaristas opinan que
la ciencia ficción ocupa en nuestro tiempo un lugar análogo al que poseía
la invención mítica primitiva: nos permite asimilar por medio de metáforas
adecuadas la experiencia alienadora que tienen ciertos fenómenos -naturales
o artificiales- cuyo significado y alcance sobrepasan y anonadan al hombre
común, dotado de conocimientos que resultan insuficientes para comprender o
interpretar acontecimientos científicos que parecen insólitos, que tienen
efectos deshumanizadores y que desencadenan -o se supone que pueden llegar
a desencadenar- procesos de consecuencias imprevisibles para la perduración
de la vida o el desarrollo de la cultura y la sociedad, según la concepción
de éstas que ha tenido vigencia hasta el presente. Por lo tanto, la ciencia
ficción, que en su origen fue una especie a la que se imputó marginalidad,
hoy día cuenta con autores que la han convertido en vehículo de
especulaciones metafísicas o morales de notable significación para nuestra
época. Los tipos principales de la anécdota de ciencia ficción pueden
reducirse a tres: 1) la inventiva humana pone en funcionamiento mecanismos
que finalmente escapan al dominio del hombre; 2) seres inteligentes no
humanos se introducen en el mundo del hombre; 3) fenómenos naturales
imprevistos alteran la situación del hombre en la tierra o amenazan la
subsistencia de las especies vivientes. En consecuencia, cabe agregar que,
así como las formas tradicionales de la narrativa de ficción sirvieron para
examinar el destino humano en el ámbito conocido de la sociedad de su
tiempo, la ciencia ficción explora las condiciones de la existencia humana
actual, perturbada por las acechanzas de factores imprevistos, desconocidos
o amenazadores que están ligados a la atmósfera psicológica de un
sorprendente adelanto de la ciencia y de la técnica.