BANDERAS por Jorge Colonna
Julio 2002
Los enemigos acechaban detrás de una frontera tan cercana como imprecisa.
Las atrocidades de cada enfrentamiento incentivaban el deseo de venganza de
ambos bandos.
Matías se había criado escuchando esas historias y ansiaba el momento de
poder participar. Siendo ya adolescente, fue convocado a su primer batalla
y le concedieron el honor de portar la bandera celeste y blanca.
Cuando el intercambio de proyectiles cedió lugar a la lucha cuerpo a cuerpo
y los enemigos se entremezclaban entre el sudor , los gritos y las heridas,
sólo las banderas sobresalían. La celeste y blanca por un lado , la roja
por el otro.
En determinado momento, los abanderados se encontraran frente a frente. Y
no dudaron. Como antiguos guerreros medievales que empuñaban sus lanzas,
los dos jóvenes pusieron las peligrosas astas debajo de sus brazos,
paralelas al piso, apuntando al pecho de su adversario, y comenzaron a
correr uno hacia otro.
El impacto fue tremendo y ambos cayeron con sus pechos destrozados por el
asta de la bandera enemiga. Una tenue brisa hacía flamear, sobre los
cuerpos entremezclados, los colores del paño rojo y del celeste y blanco .
Al día siguiente, en primera plana, los diarios informaron que habían
fallecido dos jóvenes y muchos otros resultaron heridos, en una batalla
campal entre barras bravas de Racing e Independiente.
Jorge Colonna
Julio 2002