ALFAJOR CULTURAL. por Jorge Colonna
2002-10-31
CONSIGNA TALLER => Cuento costumbrista: EL ALFAJOR
Los 444 habitantes de Los Maizales recibieron una invitación personalizada,
firmada por el Excelentísimo Señor Intendente :
La ceremonia religiosa fue breve y austera aunque, por primera vez,
la capilla estuvo iluminada "a giorno " y abarrotada de claveles blancos.
Dadas sus reducidas dimensiones, ya a las 19 horas los asientos estaban
totalmente ocupados, y los que llegaron después de las 19.30 tuvieron que
conformarse con mirar a través de puertas y ventanas.
La novia lucía un hermoso vestido celeste, muy probablemente comprado en
París y don Hermenegildo vestía un traje negro, sobre cuyo chaleco
resaltaba la gruesa cadena de oro de su reloj; la camisa era blanca y la
corbata de seda roja, traída expresamente desde Londres.
La Plaza Mayor estaba engalanada con las banderas y cintas argentinas,
utilizadas en las fiestas patrias. Los parrilleros, cuidadosamente
seleccionados, se repartían la atención de cinco grandes fogones donde,
con muchas horas de anticipación, comenzaron a asarse los novillos con
cuero, lechones , corderos y chivitos, traídos de la estancia "Don Herme".
Fue una fiesta inolvidable, sólo comparable con la conmemoración del
Centenario de la Revolución de Mayo, veinticinco años atrás.
Indudablemente, la atención popular estaba concentrada en la novia, a quien
veían por primera vez en Los Maizales. La circunstancia de ser miembro de
una de las familias más aristocráticas de Buenos Aires, ya era suficiente
atractivo para los habitantes de este pueblo, ubicado a 700 km. al sudeste
de la gran Metrópolis. Pero además, doña Isadora era una reconocida
personalidad de la cultura, que participaba en la revista Sur - dirigida
por su amiga Victoria - y se caracterizaba por sus avanzadas propuestas
feministas y sufragistas.
Isadora irradiaba un natural encanto y , con su palabra fácil y sencilla,
lograba que todas sus conversaciones fueran amenas, independientemente del
interlocutor. Durante la fiesta escuchó atentamente a quienes se acercaban
a saludarla e inmediatamente comenzó a repreguntar. El gerente del banco,
la maestra del pueblo, el cura, el médico, el pulpero , el policía , el
peluquero, comerciantes, chacareros, amas de casa, funcionarios y
trabajadores rurales, recibieron las mismas preguntas:
- ¿Porqué aquí todo gira alrededor del maíz?, ¿qué nuevas actividades
podrían incorporarse ?, ¿cómo es posible que no existan una biblioteca
pública , un periódico local, ni una pequeña sala para espectáculos?
Una no contenida ni ocultada urgencia caracterizaba a la joven Isadora, por
eso no extrañó que esa misma noche de bodas acordara con la maestra la
creación de una biblioteca popular, cuyos 100 primeros volúmenes serían
aportados por el flamante matrimonio. Complementariamente, ella misma se
ocuparía de la edición de un periódico local, que se denominaría " La Voz
de Los Maizales", pero pedía la colaboración de la comunidad a fin de que
todos se sintieran representados y esa publicación pudiera transformarse en
una crónica minuciosa que los salvara del olvido.
Pero hubo una pregunta que dividió las opiniones:
¿ Qué festividad podía celebrar Los Maizales para diferenciarse de los
pueblos vecinos y lograr una identidad propia?
La casi totalidad de las propuestas, que escuchó la flamante esposa del
Intendente, se rela cionaban con el maíz : La fiesta del MAÍZ (que ya
existía a nivel nacional), la del CHOCLO, la del POCHOCLO y la de los
ALFAJORES "de MAICENA "(la aclaración "de maicena" era importante, a los
efectos de diferenciarse de los alfajores "marplatenses" y de los
"santafesinos".)
Isadora sugirió generar un polo cultural, convocando a músicos, conjuntos
teatrales, artistas plásticos y escritores. Esta propuesta entusiasmó a
los jóvenes y a la mayoría de las mujeres, pero chocó con el
conservadorismo de los hombres que, encabezados por el propio don
Hermenegildo, preferían exaltar la tradición "productiva" de un pueblo
trabajador, y optaban por el Alfajor de Maicena.
Fue cuando Isadora propuso que la decisión se tomara democráticamente y,
como en ese momento en la Plaza Mayor se encontraba reunido todo el pueblo,
pidió que se procediera a votar.
Ante el estupor de don Hermenegildo, acostumbrado a que en su pueblo las
decisiones las tomara el Intendente, y quizás entusiasmados por el espíritu
festivo que -alcohol mediante- embargaba a los invitados, las palabras de
Isadora fueron recibidas con una explosión de júbilo y un griterio , que
sólo se aplacó cuando el policía del pueblo disparó un tiro al aire.
Aprovechando ese instante de calma, la mujer del Intendente pidió que los
que estuvieran a favor de los Alfajores de pusieran a su derecha y que a su
izquierda se ubicaran los defensores de la cultura.
La muchedumbre se entremezcló como ganado asustado, pero luego- como
tropillas de distinto pelo - se separaron rápidamente, conformando dos
grupos casi equivalentes en cantidad , de composición intrínsecamente
homogénea, pero marcadamente diferenciados entre si.
Ante una votación que iba a ser peligrosamente reñida, Don Hermenegildo
abandonó su pasividad y se acercó a Isadora , la tomó suavemente del brazo
y , con su mejor sonrisa, la invitó a dar un paseo por la plaza.
Los pobladores, en silencio y manteniendo la separación física de los dos
bandos, como si se prepararan para una cinchada, seguían atentamente la
escena. Con su distinción característica la pareja dialogaba cordialmente.
Cuando los más ansiosos comenzaban a impacientarse, los flamantes esposos -
sonrientes ambos- se ubicaron entre los dos grupos y don Hermenegildo
dijo:
- Convencido de que del choque entre dos piedras surge de luz, y que
cultura y trabajo no son conceptos antagónicos, en mi carácter de
Intendente de Los Maizales he decidido instituir la Fiesta del Alfajor
Cultural.
El pueblo, unido, festejó como nunca .
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